Los Obeliscos de Roma
Los romanos se sintieron muy atraidos por los obeliscos egipcios y los trajeron a la ciudad de Roma.

Los Obeliscos en Roma
En el panorama urbanistico de Roma, a partir de la epoca imperial y hasta hoy en dia, hay unos elementos arquitectonicos que atraen desde siempre la atenciòn de muchos visitantes y de los mismos ciudadanos. Se trata de los obeliscos egipcios que los antiguos emperadores romanos a partir de Ottaviano Augusto (27 a.C. – 14 d.C.), trajeron directamente desde las lejanas tierras del Nilo para embellecer plazas, monumentos y en particular los Circos de Roma.
Ninguno ocupa el lugar donde fue puesto en origen y muchos de ellos esconden algunos secretos, como uno de lo màs importantes, que fue utilizado como gigantesco reloj solar.
Otra curiosidad es que Roma posee el “primado” entre las otras capitales del mundo, de ser la ciudad en la que hay màs obeliscos, en total son 13 (pero un tiempo eran muchos màs!) y donde se conserva también el màs alto.
El origen de los obeliscos
El obelisco, nombre que procede dal griego, es un monolito ahusado, a menudo de granito, de cuatro caras que termina en forma de cuspide llamada “pyramidion”. Sus origenes remontan a màs de hace 3000 años y la ciudad donde se erigieron por primera vez fue Heliopoli, en Egipto, o sea la ciudad que representaba el principal centro de culto de la divinidad del Sol.
Para los egipcios los obeliscos representaban la “materializazion” en piedra de los beneficos rayos del Sol que permitian el desarrollo de la vida en la tierra.
Los Obeliscos llegan a Roma
Cuando Augusto enviò el primero directamente de Heliopolis en Roma, lo puso en el 10 a.C. en la espina del Circo Maximo. Se trataba de un magnifico obelisco del faraòn Ramses II (1279-1213 a.C.) con una altura de 23.20 metros que, en el 357 despuès de màs de 400 años, fue flanqueado por otro del faraon Tutmosis III (1429-1475 a.C.) enviado también como el otro en Roma por el emperador Costanzo II (337-361), hijo de Costantino (247-337).
Con el pasar de los siglos, estos dos obeliscos cayeron, desapareciendo bajo 7 metros de tierra ya que el area del Circo se transformò en un pantano, hasta que en el 1587, bajo el mando del papa Sixto V (1585-1590), se tomò la decisiòn de recuperarlos y de “reutilizarlos” para transformarlos, junto a otros, en un gigantesco elemento de referencia para todos los peregrinos que de esta manera podian llegar e identificar màs facilmente las Basilicas y las Iglesias màs importantes de la ciudad.
Por eso el primero, el de Augusto, fue colocado en la actual Plaza del Pueblo, mientras el otro, el màs alto de todos con sus 32.18 metros, fue puesto en la Plaza de San Juan de Letràn. También el que actualmente ocupa el centro de la Plaza de San Pedro, fue puesto allì en el 1586 siempre bajo el mismo papa Sixto V. Antes ocupaba la espina del Circo de Caligula ( 37-41) y fue enviado en Roma en el año 37 desde la ciudad de Alejandria de Egipto.
Unos años después, este Circo y su obelisco fueron los tristes testimonios, bajo Neròn, del martirio de muchos cristianos y en particular de uno: San Pedro. Segùn una leyenda medieval en la esfera de bronce que antes ocupaba la punta del obelisco, se conservaban los restos mortales de Julio Cesar (100-44 a.C.). Cuando el papa Sixto V verificò que en realidad esta no tenia nada por dentro, hizo realizar, siempre en bronce, su emblema y una cruz que fue puesta, como aparece hoy en dia, encima del obelisco con dentro fragmentos originales de la Santa y Verdadera Cruz de Jesùs mientras que en el basamento hizo grabar unas formulas de exorcismo.
Los obeliscos como relojes solares e indicadores astronómicos
Durante el siglo XIX el astronomo L.F.Gili transformò el obelisco vaticano en uno gnomon colocando en el pavimento de la plaza unas referencias de granito en las que la sombra projectada de la cruz caia en los dos solsticios de verano, el 21 y 22 de junio, y de invierno, el 21 y 22 de diciembre. La presencia de discos de marmol indican también el pasaje del sol en los varios signos zodiacales.
Hablando en particular del tema de los obeliscos utilizados en Roma como gnomon, no podemos olvidar lo que fue, por cierto, el màs famoso y que fue realizado durante los primeros años del imperio de Augusto e nel 10 a.C.. Actualmente ocupa el centro de la Plaza de Montecitorio y se encuentra justo en frente del Palacio que es la sede del Parlamento Italiano. Antiguamente el obelisco fue realizado en Egipto por el faraòn Psammetico II (594-589 a.C.) y colocado en la ciudad de Heliopolis. Augusto lo hizo trasladar en la capital del imperio para ser puesto en un cojunto monumental que incluia, entre otras cosas, un “Horologium”, el Ara Pacis y su propria tumba, o sea el Mausoleo de Augusto.
Esta area muy grande, de unos 160x75 metros, fue pavimentada con uso de travertino y, en las mismas piedras, fueron puestas en letras, numeros y imagenes de bronce las horas, las estaciones, los signos zodiacales y los años. El obelisco puesto en el medio, tenia el rol de uno gnomon ya que proyectaba su sombra en una meridiana grabada tambièn en el suelo. No solo: su sombra caia perfectamente sobre el Ara Pacis el dia 23 de septiembre de cada año, dia de nacimiento del emperador y del solsticio de otoño.
Desgraciadamente el obelisco unos años despuès, terminò de ser utilizado como “Horologium” ya que la plaza se cubria continuamente de los detritos que el rio Tiber dajaba a menudo con sus inundaciones. Hoy en dia se han descubiertos, bajo 8 metros del nivel actual, solo unos pocos restos del gnomon de Augusto, mientras el obelisco que se habia caido en la epoca medieval, fue colocado bajo el papa Pio VI (1775-1799) en el 1794 en la moderna Plaza de Montecitorio.
En Roma se conserva también el unico obelisco que se conozca que un emperador, Adriano (117-138), dedicò a la memoria de un joven: Antinoo. Este curioso monumento que fue grabado por mano romana utilizando pero los signos geroglificos de los Egipcios, fue erigido por voluntad del mismo Adriano, en el 130 en un templo nel Palatino, para honorar la memoria del favorito que se ahogó, en circustancias misteriosas, en el rio Nilo. El emperador Eliogabalo (218-222) lo puso en un segundo momento, en su Circo privado no lejos del actual “Porta Maggiore”. Fue descubierto en el siglo XVI y despuès de haber cambiado por varios siglos su colocaciòn, en el 1822 el papa Pio VII (1800-1823) lo puso en el lugar actual o sea en la Villa Borghese.
Si queréis descubrir y conocer
en directo mucho màs de lo que habeis
leido en este articulo, podéis escribir
a www.guidaturisticaroma.com y realizar un paseo especial con Mauro Cannella,
Guía de Turismo Oficial de la ciudad
de Roma!