Visitar la Capilla Sixtina

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Visitar la Capilla Sixtina
Cómo ver la Capilla Sixtina

Viajar a Roma permite disfrutar unos pocos segundos de una de las obras de arte más importantes de la historia: la Capilla Sixtina. Se encuentra dentro del recinto de los Museos Vaticanos. La visita se desarrolla de forma rápida y entre elevadas medidas de seguridad. En determinados periodos permanece cerrada. Infórmate si tienes mucho interés.

La Capilla Sixtina es visitable dentro del recinto de los Museos Vaticanos, como una más de sus grandes atracciones. Se encuentra en la parte final del largo recorrido interno de los museos y tiene un régimen particular de visitas. En ocasiones cierra sus puertas por diversos motivos (por ejemplo en la elección de un nuevo Papa). Si tienes máximo interés en visitarla consulta la web del Vaticano para conocer el estado actual de la sala.

La historia de la obra

“¿Cuando terminas?¿Cuando terminas? “ preguntaba impaciente el Papa Julio II (1503-1513) en un frio día de invierno del año 1511. Lo hacía a un joven pintor que desde hacía tres años estaba allí en los andamios pintando la bóveda de la capilla “Magna” que ya todos en Roma conocían con el nombre de “Capilla Sixtina”.

La curiosidad de ver la obra era enorme y el joven pintor  toscano Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), no lo permitía. Llegado un punto, la tensión llegó a su máximo nivel y el pontífice decidió que no podía esperar más.

El 14 de agosto del mismo año 1511 Julio II obligó al artista a desmontar todos los andamios y a mostrar la parte que había ya terminado y lo hizo a la presencia de teólogos, obispos, intelectuales, arquitectos famosos como Bramante y, sobre todo, del nuevo genio de la pintura que, en aquellos mismos años, estaba pintando las habitaciones privadas del mismo papa Julio II: Rafael Sanzio (1483-1520).  “ De ahí viene” dijo más tarde Migue Ángel “ el que la obra no esté acabada como yo quisiera, pues lo impidió el Papa con su prisa!”.

Un antes y un después en la historia del arte

Lo que pasó en el momento en que Miguel Ángel bajó para acercarse más al elegido grupo de entendidos, no lo sabemos. Sabemos que a partir de aquel día todo en la historia del arte, en el estilo de Rafael y en lo de muchas otras generaciones sucesivas de artistas, no fue ya lo mismo. Una fuerza y una energía del dibujo hasta entonces desconocida en la técnica del fresco  (que en la bóveda se puede decir que imita totalmente el arte de la escultura), unida a una policromía de enorme impacto visual aplicada a una estructura arquitectónica realizada con la técnica del “trampantojo” creó para siempre la separación entre el viejo estilo todavía medieval de concebir el espacio y las figuras  de los artistas del primer renacimiento , respeto al nuevo y revolucionario estilo que abría oficialmente sus puertas a lo que hoy conocimos con el nombre de Arte Moderno.

Las escenas

La bóveda de la capilla que Miguel Ángel había empezado el día 10 de mayo del 1508, bajo mando del papa Julio,  fue solemnemente inaugurada el 1 de noviembre del 1512. Prácticamente el artista toscano había pintado en tan solo 4 años una superficie de mil metros cuadrados rellenando todo el espacio con 300 figuras.

Si al principio es cierto que fue ayudado por varios pintores florentinos más expertos que él, que era un escultor, en la difícil técnica del fresco, ya después de la primera escena pintada en orden cronológico o sea la del Diluvio Universal, decidió seguir trabajando en esta empresa titánica, totalmente solo: ¡tan grande era su orgullo y tan grandes fueron sus sufrimientos! Como lo demuestran las amargas palabras que él escribió en aquellos años: “ Esto no es mi profesión”, “Pierdo el tiempo sin resultado alguno. Que Dios me ayude”; y además “Mi barba apunta al cielo, siento la nuca sobre la espalda y tengo pecho de arpía y la pintura que sin cesar cae sobre mi rostro…”.

Después del Diluvio, Miguel Ángel pintó las siguientes escenas del Génesis: la Embriaguez de Noé, el Sacrificio de Noé, el Pecado Original/Expulsión del Paraíso   la Creación de Eva, la Creación de Adán, la Creación de los mares, la Creación del Sol, de la Luna y de las plantas y, por ultimo, la Separación entre la Luz y las tinieblas.

Despues, el genio creó las misteriosas y todavía oscuras veinte figuras sentadas de los Ignudi, verdaderas estatuas vivientes (complemento pictórico del célebre y tan amado fragmento escultórico original griego del siglo I a. D.C conocido con el nombre de  Torso del Belvedere) que en sus increíbles posturas, cada una distinta del otra, parecen materializar sentimientos de sorpresa, miedo, inquietud, duda, curiosidad, pasión.

Hay que decir y subrayar que probablemente Miguel Ángel no concibió otra creación pictórica que tuvo mayores repercusiones en todo el arte posterior.

En otras tantas increíbles posturas pintó también las figuras de los profetas del Antiguo Testamento alternándolas con figuras de Sibilas, o sea de profetisas paganas que, según la tradición cristiana, predijeron la maternidad divina de la Virgen María. Entre estas figuras colosales en las ocho pequeñas enjutas de forma triangulares, así como en las lunetas, realizó además  la serie de los Antepasados de Cristo, utilizando como referencia el Evangelio de San Mateo.  En las cuatros grandes pechinas de las esquinas del techo pintó episodios de la Milagrosa Salvación del pueblo de Israel mientras en la maravillosa arquitectura ilusionista, puso medallones que describen escenas del Antiguo Testamento y una gran variedad de figuras desnudas que imitan varios materiales: sobre todo mármol y bronce dorado.

Sentido espiritual y filosófico

Cuando Miguel Ángel terminó de pintar el techo de la Sixtina se dio cuenta de que había materializado perfectamente los ideales filosóficos y religiosos de toda la época renacentista italiana.

Sabía que ahora entre él y los artistas que tan solo hace 29 años habían pintado las paredes laterales de la misma Capilla con las Historias de Moisés y las de Jesús (clara alusión según la idea del papa Sisto VI de la correspondencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento), existía un profundo y oscuro abismo. Sabia que no se podía volver atrás. Y tenia razón.

En los años sucesivos los gravísimos acontecimientos del progresivo avance del Luteranismo en el norte de Europa y del tremendo saqueo que en el mes de mayo del 1527 puso Roma y sus ciudadanos “de rodillas”, había dejado caer al suelo todos los sueños de los neoplatónicos de crear una armonía entre el pasado pagano y el presente cristiano,  abandonando definitivamente todos los ideales de un Botticelli, de un Perugino, de un Ghirlandaio y del mismo Buonarroti.

En lugar de un cambio radical de la Iglesia en el sentido espiritual de la palabra, los papas al contrario adoptaron una política de fuerte, invadiente y agresivo control sobre la vida cotidiana de todos los fieles católicos. Había empezado oficialmente la Contrarreforma. Uno de los instrumentos preferidos y más utilizados por las jerarquías eclesiásticas fue por supuesto el arte y ¿ quién mejor que el genio toscano que ya alcanzaba los 61 años, podía idear el manifiesto y el símbolo del nuevo curso adoptado por la Iglesia? Y ¿qué mejor sitio si no la misma pared del fondo de la Capilla Sixtina que sobresalía el altar papal? Y, sobre todo, ¿qué mejor tema si no el tremendo y siempre actual Juicio Universal?.

La polémica de los desnudos

Fue el papa Pablo III (1534-1549) quien encargó a Miguel Ángel  pintar esa escena en el 1536, escena que se finalizó el 31 de octubre del 1541 y que como dijo el celebre Vasari “… llenó a toda Roma de estupor y maravilla”.

Más de 400 figuras sin ningún elemento arquitectónico que las sostienen están pintadas alrededor de la monumental y revolucionaria imagen del joven Cristo Juez sin barba. Son figuras de elegidos, de damnatos, de santos, de mártires, de apóstoles, de personajes de la Biblia y, por cierto, de algunos contemporáneos.

De entre todos el personaje que se puede ver en la parte más baja del fresco a la derecha, se encuentra el mítico Minos. Pero en realidad, ese personake tiene los rasgos del maestro de ceremonias del Papa,  Biagio Martinelli da Cesena que había criticado el fresco, declarando que “…era algo deshonesto en un lugar tan respetable haber pintado tantos desnudos que muestran sin pudor sus partes vergonzosas” y que por lo tanto “…no era obra para una capilla papal, sino más bien para las termas o para una taberna”. La venganza de Miguel Ángel fue inmediata: lo representó no solo con una gran serpiente enrollada en sus piernas mientras le come su “parte vergonzosa” sino con dos ofensivas y largas orejas de asno.

Es verdad que en este increíble fresco el cuerpo desnudo se convierte en el arte de Miguel Ángel en el objeto central y absoluto de toda la representación figurativa y es normal pensar que en plena contrareforma pronto ganaron terreno las voces criticas que veían en las figuras del  Juicio la representación de la obscenidad herética.

La presión llegó a tal punto, que el Papa Pio IV (1559-1565) ordenó que las figuras más obscenas se debían cubrir con paños. Era el mes de enero del año 1564 y Miguel Ángel que murió el mes siguiente, asistiendo impasible a la mutilación de su obra que fue retocada por su amigo Daniele da Volterra  que de esta manera se ganó el apodo de “Braghettone”. Las palabras que el Buonarroti pronunció en aquel triste día han pasado a la historia: “ Decidle a Su Santidad que eso es una pequeñez fácil de arreglar. Que Su Santidad se dedique a arreglar el mundo: arreglar una pintura no cuesta gran cosa”.

Después de tantos siglos y después de la larga y revolucionaria restauración y limpieza de todos los frescos de la Capilla Sixtina, que duró 14 años  (1980-1994), Juan Pablo II ha querido eliminar con pocas y esenciales palabras todos los comentarios negativos, todos los pensamientos de sus predecesores, definiendo el Juicio de Miguel Ángel”… el santuario teológico del cuerpo humano”.

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