Los Obeliscos de Roma

La Roma secreta de M. Cannella 0 5077
Los Obeliscos de Roma
Los Obeliscos en Roma

Los romanos se sintieron muy atraídos por los obeliscos egipcios y los trajeron a la ciudad de Roma.

En el panorama urbanístico de Roma, a partir de la época imperial y hasta hoy en día, hay unos elementos arquitectónicos que atraen desde siempre la atención de muchos visitantes y de los mismos ciudadanos. Se trata de los obeliscos egipcios que los antiguos emperadores romanos a partir de Ottaviano Augusto (27 a.C. – 14 d.C.), trajeron directamente desde las lejanas tierras del Nilo para embellecer plazas, monumentos y en particular los Circos de Roma.

Ninguno ocupa el lugar donde fue puesto en origen y muchos de ellos esconden algunos secretos, como uno de lo más importantes, que fue utilizado como gigantesco reloj solar.

Otra curiosidad es que Roma posee el “primado” entre las otras capitales del mundo, de ser la ciudad en la que hay más obeliscos, en total son 13 (pero un tiempo eran muchos más!) y donde se conserva también el más alto.

El origen de los obeliscos

El obelisco, nombre que procede del griego, es un monolito ahusado, a menudo de granito, de cuatro caras que termina en forma de cúspide llamada “pyramidion”. Sus orígenes remontan a más de hace 3000 años y la ciudad donde se erigieron por primera vez fue Heliopoli, en Egipto, o sea la ciudad que representaba el principal centro de culto de la divinidad del Sol.

Para los egipcios los obeliscos representaban la “materializazion” en piedra de los benéficos rayos del Sol que permitían el desarrollo de la vida en la tierra.

Los Obeliscos llegan a Roma

Con el pasar de los siglos, estos dos obeliscos cayeron, desapareciendo bajo 7 metros de tierra ya que el área del Circo se transformó en un pantano, hasta que en el 1587, bajo el mando del papa Sixto V (1585-1590), se tomó la decisión de recuperarlos y de “reutilizarlos” para transformarlos, junto a otros,  en un gigantesco elemento de referencia para todos los peregrinos que de esta manera podían llegar e identificar más fácilmente las basílicas y las Iglesias más importantes de la ciudad.Cuando Augusto envió el primero directamente de Heliopolis en Roma, lo puso en el 10 a. C. en la espina del Circo Maximo. Se trataba de un magnifico obelisco del faraón Ramses II (1279-1213 a.C.) con una altura de 23.20 metros que, en el 357 después de más de 400 años, fue flanqueado por otro del faraón Tutmosis III (1429-1475 a.C.) enviado también como el otro en Roma por el emperador Costanzo II  (337-361), hijo de Constantino (247-337).

Por eso el primero, el de Augusto, fue colocado en la actual Plaza del Pueblo, mientras el otro, el más alto de todos con sus 32.18 metros, fue puesto en la Plaza de San Juan de Letràn. También el que actualmente ocupa el centro de la Plaza de San Pedro, fue puesto allí en el 1586 siempre bajo el mismo papa Sixto V. Antes ocupaba la espina del Circo de Caligula ( 37-41) y fue enviado en Roma en el año 37 desde la ciudad de Alejandría de Egipto.

Unos años después, este Circo y su obelisco fueron los tristes testimonios, bajo Nerón  del martirio de muchos cristianos y en particular de uno: San Pedro. Según una leyenda medieval en la esfera de bronce que antes ocupaba la punta del obelisco, se conservaban los restos mortales de Julio Cesar (100-44 a.C.). Cuando el papa Sixto V verificó que en realidad esta no tenia nada por dentro, hizo realizar, siempre en bronce, su emblema y una cruz que fue puesta, como aparece hoy en día  encima del obelisco con dentro fragmentos originales de la Santa y Verdadera Cruz de Jesús mientras que en el basamento hizo grabar unas formulas de exorcismo.

Los obeliscos como relojes solares e indicadores astronómicos

Durante el siglo XIX el astrónomo L.F.Gili transformó el obelisco vaticano en uno gnomon colocando en el pavimento de la plaza unas referencias de granito en las que la sombra proyectada de la cruz caía en los dos solsticios de verano, el 21 y 22 de junio, y de invierno, el 21 y 22 de diciembre. La presencia de discos de mármol indican también el pasaje del sol en los varios signos zodiacales.

Hablando en particular del tema de los obeliscos utilizados en Roma como gnomon, no podemos olvidar lo que fue, por cierto, el más famoso y que fue realizado durante los primeros años del imperio de Augusto e nel 10 a. C. Actualmente ocupa el centro de la Plaza de Montecitorio y se encuentra justo en frente del Palacio que es la sede del Parlamento Italiano. Antiguamente el obelisco fue realizado en Egipto por el faraón Psammetico II (594-589 a.C.) y colocado en la ciudad de Heliopolis. Augusto lo hizo trasladar en la capital del imperio para ser puesto en un conjunto monumental que incluía, entre otras cosas, un “Horologium”, el Ara Pacis y su propria tumba, o sea el Mausoleo de Augusto.

Esta área muy grande, de unos 160×75 metros, fue pavimentada con uso de travertino y, en las mismas piedras, fueron puestas en letras, números y imágenes de bronce las horas, las estaciones, los signos zodiacales y los años. El obelisco puesto en el medio, tenia el rol de uno gnomon ya que proyectaba su sombra en una meridiana grabada también en el suelo. No solo: su sombra caía perfectamente sobre el Ara Pacis el día 23 de septiembre de cada año, día de nacimiento del emperador y del solsticio de otoño.

Desgraciadamente el obelisco unos años después  terminó de ser utilizado como “Horologium” ya que la plaza se cubría continuamente de los detritos que el rió Tiber dejaba a menudo con sus inundaciones. Hoy en día se han descubiertos, bajo 8 metros del nivel actual, solo unos pocos restos del gnomon de Augusto, mientras el obelisco que se había caído en la época medieval, fue colocado bajo el Papa Pio VI (1775-1799) en el 1794 en la moderna Plaza de Montecitorio.

En Roma se conserva también el único obelisco que se conozca que un emperador, Adriano (117-138), dedicó a la memoria de un joven: Antinoo. Este curioso monumento que fue grabado por mano romana utilizando pero los signos geroglíficos de los Egipcios, fue erigido por voluntad del mismo Adriano, en el 130 en un templo del Palatino, para honorar la memoria del favorito que se ahogó, en circunstancias misteriosas, en el rió Nilo. El emperador Eliogabalo (218-222) lo puso en un segundo momento, en su Circo privado no lejos del actual “Porta Maggiore”. Fue descubierto en el siglo XVI y después de haber cambiado por varios siglos su colocación  en el 1822 el papa Pio VII (1800-1823) lo puso en el lugar actual o sea en la Villa Borghese.

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