Una bellísima iglesia en el corazón de Roma. Una iglesia que conserva en su interior las huellas bien visibles de tantos periodos históricos diferentes y, entre las muchas obras de arte de alto nivel y calidad, uno de los bustos más bonitos de mármol realizados directamente por las expertas manos del genio del arte barroco romano Gian Lorenzo Bernini.
La iglesia es la de San Lorenzo in Lucina situada en la plaza homónima en la Via del Corso, cuyos dos nombres proceden respectivamente del hecho que en su interior se conserva una de las reliquias cristianas más importantes y conocidas a parte (ya que la otra se conserva en El Escorial de Madrid) de la parrilla donde fue martirizado en el siglo III a San Lorenzo, y Lucina por el nombre de la famosa matrona romana que, según la leyenda, acogió en su casa durante las tremendas persecuciones del emperador Majencio, al Papa S. Marcelo.
La iglesia
El edificio es de la época paleocristiana (siglo IV) y medieval (siglo XII) con un atrio muy sencillo realizado con columnas de granito recicladas de un antiguo y hoy desaparecido monumento pagano de época romana y un campanario de la época del papa Pascual II (1099-1118).
La puerta de acceso a la iglesia está flanqueada por dos leones románicos representados sometiendo a un hombre y a otro animal de difícil identificación. Una vez dentro notaremos pronto las tres naves, el techo de artesonado y algunas de las varias capillas laterales restauradas según el gusto del siglo XIX, mientras al fondo del ábside, como en una visión mística, apreciamos el fantástico cuadro del notorio pintor Guido Reni ( 1575 – 1642) con la representación del dramático tema de la Crucifixión de Jesús (1637-1638).
A la derecha, en el lado de la Sacristía, hay una elegante y bonita capilla llamada de la Anunciada o Fonseca porque durante el siglo XVII (o sea a partir del 1661) perteneció a la célebre familia de origen portugués cuyo nombre y apellido era muy conocido en la Roma de la época barroca, porque el patriarca Gabriele Fonseca fue el médico y consejero privado del papa Inocencio X Pamphili (1644-1655) y profesor también de medicina en la Univerisidad “La Sapienza”.
Arquitectónicamente la capilla presenta un altar con la copia hecha por Ludovico Gimignani (1643-1697) de la Anunciación que el mismo Guido Reni había pintado para una capilla papal en el Palacio del Quirinal, mientras en la bóveda aparece una linterna donde hay una gloria de ángeles de estucos que es del discípulo del Bernini, Antonio Raggi.
En las paredes laterales a parte de dos telas de autores siempre barrocos que habían pintado escenas del Antiguo Testamento, hay cuatros nichos con sus respectivos bustos de mármol de los cuales sólo tres pertenecen a la familia Fonseca, dado que el último representa a Luigi Antonio De Witten, ministro del papa Pio IX (1846-1878).
El Busto de Fonseca de Bernini
Sabemos que Bernini realizó materialmente solo el busto más importante, o sea lo del médico papal Gabriele Pamphili, durante los últimos años de la carrera del artista o sea entre el 1668 y el 1672. La posición que fue elegida para la colocación más apropiada del busto fue en la pared izquierda, en el nicho más cercano al altar de la capilla.
Y eso no fue por casualidad. En efecto Bernini , evidentemente en parte bajo consejo del mismo comitente, estaba obligado a transmitir de manera más realista la fe total y absoluta de Gabriele Fonseca en Cristo y en los misterios cristianos. Y Bernini lo hizo a través de una gestualidad increíble que nos deja sin palabras, tanto es la implicación emotiva que nos provoca mirando sobre todo las manos del médico: la derecha representada cerrada mientras aprieta con dolor el Rosario como si fuese su última ancla de la esperanza y la izquierda en el acto de comprimir lo más que podía su pecho como si Fonseca quisiera frenar el latido convulsivo y desordenado de su corazón quizás para demostrar su personal arrepentimiento por algún pecado que nunca conoceremos.
Y qué decir de la expresión de la cara, con la boca casi abierta, que parece casi quisiera dejar la pared desnuda de la capilla para meterse vivo entre los vivos, en el medio de la misma a rogar por la eternidad. Ahora no tenemos dudas de estar mirando una de las joyas absoluta de toda la escultura barroca romana.
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